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Archivo anual 13 de septiembre de 2026

Crash dummies: adolescentes y pantallas

El matemático alemán Andreas Schleicher, uno de los impulsores de la prueba PISA, compara el uso de pantallas y redes sociales por la población joven y adolescente con los crash dummies de la industria automovilística. Los crash dummies son esos muñecos con forma humana que permiten estudiar las consecuencias en el cuerpo humano de una colisión con el vehículo. El maniquí, en el asiento del conductor, sale disparado contra el airbag después de someter al automóvil a diversas colisiones.

Como dice Schleicher en este artículo, a nadie se le ocurriría poner humanos en los asientos de un coche para hacer esa evaluación de riesgos tras un impacto. Sin embargo, estamos usando a los adolescentes y jóvenes como involuntarios crash dummies que nos permitirán comprobar los riesgos reales del uso de pantallas y la constante estimulación de las redes sociales.

El uso de pantallas por parte de adolescentes y jóvenes, aún con sus cerebros inmaduros, tiene «consecuencias e impactos que todavía no comprendemos del todo«. Quizá una de esas consecuencias e impactos en el cerebro de los estudiantes sea uno de los resultados que ha ofrecido el último informe PISA, que indica que «entre 2015 y 2025 la puntuación media en lectura disminuyó 28 puntos en los países de la OCDE, lo que equivale a un año y medio de aprendizaje aproximadamente». Además, añade Schleicher, «se ha duplicado el número de casos en los que los estudiantes «leen los textos de forma apresurada y dan respuestas rápidas pero incorrectas»

El Telar de la Memoria


Rodrigo Quian Quiroga, director del Centro de Neurociencias en la Universidad de Leicester (UK), es el descubridor de las “neuronas de concepto” y una de las figuras más relevantes en lo referente a cómo funciona la memoria.

En este fragmento de una reciente entrevista (ver aquí la entrevista completa) recomienda a los estudiantes usar el método de la asociación de ideas para memorizar de manera más consistente. La asociación de ideas, que Aristóteles llamaba el Telar de la Memoria, no es otra cosa que conectar la nueva idea a memorizar con ideas ya previamente consolidadas en nuestra memoria. Podríamos decir que esta conexión proporciona a la idea nueva un contexto, es decir, literalmente un lugar al que agarrarse.

En el taller de Técnicas de Estudio siempre recomendamos a los alumnos que su labor como estudiantes es trabajar para lograr que, una nueva idea que está ahí fuera de su cerebro, encuentre algo a que agarrarse que esté dentro de su cerebro. Encontrar un lugar al que la nueva idea, cuando lance su cuerda, pueda engancharse. Y aquí la clave está en que “ese algo” no sea un “algo cualquiera”, sino un algo que, de alguna manera, pueda tener algo de relación con la idea nueva. Cuando conseguimos esta conexión entre ambas ideas, estamos generando entendimiento en lugar de memorización mecánica.

¿Qué es mejor, estudiar y coger apuntes a mano o hacerlo con el ordenador?

La escritura en dispositivos digitales está reemplazando cada vez más a la escritura a mano tradicional. Este reemplazo se ha trasladado también en ocasiones al ámbito escolar, donde hay un debate abierto sobre ¿qué es mejor, estudiar y coger apuntes a mano o hacerlo con el ordenador?

Nuestra respuesta siempre es la misma. Ambos métodos tienen sus ventajas e inconvenientes y ninguno es descartable, pero desde el punto de vista del aprendizaje, la comprensión y la memoria, es mejor escribir a mano (bien sea en papel físico o en papel-pantalla digital).

Un reciente estudio del Laboratorio de Neurociencia del Desarrollo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Trondheim (Noruega) indica que, cuando escribimos a mano, se produce mayor actividad neuronal y se involucran áreas más relevantes para el aprendizaje, en comparación con lo que sucede al teclear en un teclado o una pantalla.

Escribir tecleando una pantalla o teclado requiere de movimientos mecánicos y repetitivos, que priorizan la velocidad sobre la conciencia. La escritura a mano requiere en cambio un movimiento grueso de la mano y el antebrazo, y un movimiento aún más fino de los dedos. Son estos movimientos los que van a generar patrones de conectividad cerebral óptimos para el aprendizaje y la memoria.

El estudio sugiere que al escribir con un lápiz o un bolígrafo se produce un patrón sensoriomotriz en el que se involucran la visión, las órdenes motoras dirigidas al antebrazo, a la mano y los dedos, y también se produce una retroalimentación propioceptiva (es decir, percibir lo que se está escribiendo). Todo ello está ausente cuando tecleamos una pantalla o teclado, donde solo se requiere presionar con el dedo para producir cada letra.

Para lograr una escritura a mano coherente, diferentes áreas cerebrales que en condiciones normales no interaccionarían entre sí, se ven obligadas a conectarse temporalmente. Esto habla de la plasticidad neuronal de nuestro cerebro, que se adapta y aprende con cada reto que le planteamos. Las neuronas involucradas pasan de tener una función única, a incorporarse a un sistema funcional. Es decir, neuronas de diferentes partes del cerebro que en principio tienen funciones diferentes, trabajan en equipo y se interconectan para participar en nuevas funciones que antes no tenían.

¿Cómo consiguieron medir todo esto los autores del estudio? Mediante registros de electroencefalograma (EEG) efectuados en el cerebro de los participantes del estudio, vieron que al escribir a mano se producía un aumento de ondas cerebrales de baja frecuencia (theta 3,5-7,5 Hz y alfa 8-12,5 Hz). Estas frecuencias bajas se suelen producir cuando en el cerebro tratan de comunicarse regiones «alejadas entre sí» que en principio tienen funciones diferentes. Algo que suele suceder cuando la actividad cognitiva está ligada a movimientos corporales. En concreto, se conectaban las regiones parietal y central del cerebro, y se registraba mayor actividad eléctrica en el hipocampo, una región que es crucial para la formación de la memoria y la codificación de nueva información durante el aprendizaje.