Para recordar, tenemos que olvidar
Aunque nos pueda parecer contradictorio, olvidar lo que tenemos que estudiar va a facilitar recordarlo mejor durante el examen. Para aprender bien algo que recién hemos estudiado, tenemos que dar tiempo al cerebro para que lo olvide.
Esto tiene una explicación: cuando estudiamos, usamos en gran parte lo que llamamos “memoria de trabajo”, es decir, la capacidad del cerebro para retener una información en el corto plazo (memoria a corto plazo). El ejemplo típico de uso de la “memoria de trabajo” es cuando estamos haciendo operaciones matemáticas y recordamos la operación que acabamos de hacer, ya que nos servirá para el siguiente paso. Recordar la información retenida con nuestra “memoria de trabajo” es útil en ese momento, pero no es una memoria de largo alcance.
Muchos estudiantes creen que si se estudian un tema y se acuerdan de todo cuando alguien les pregunta al cabo de unos minutos u horas, significa que también lo recordarán días después durante el examen.
Pero el cerebro no funciona de esta manera. Si queremos aprender algo y que se consolide necesitamos poner en marcha la memoria a largo plazo. Dejar pasar un tiempo desde que he usado la memoria a corto plazo nos permite “olvidar”. Y ese olvido en realidad es una prueba para saber qué información se ha memorizado realmente y cuál no.
Cuando un tiempo después de haber estudiado, tratamos de recuperar esa información, estamos consolidándola en nuestra memoria a largo plazo. Una vez se detecta de nuevo esa información «olvidada» estamos facilitando un aprendizaje más profundo.
Y esto se debe básicamente a que el aprendizaje es más duradero y efectivo cuando requiere un esfuerzo. Cuanto más intentamos recuperar la información que memorizamos en el corto plazo, mayor será nuestra capacidad para recuperar y almacenarla a posteriori en el largo plazo, es decir, de aprender.